Thursday, October 05, 2006


LA FOTO


Mi memoria se estrelló contra un cajón abierto, escondida entre tanto papel archivado en mi desorden habitual, encontré esta fotografía, me saltó a la garganta y me la anudó, traté de luchar por sacármela de encima, y después la nada...sólo esperé mi reacción.

Del año no me recuerdo, 1968 ?... 1970?... la verdad es que en esa época las fecha no tenían la misma importancia de hoy, yo estaba más lejos de la muerte, no así uno de los personajes de la fotografía, en esa fecha existían sólo dos días que nos importaban, lunes, por el retorno al colegio y viernes, por la llegada del fin de semana, el resto sólo era regido por las aventuras y los sueños, el futuro siempre era lejano, teníamos una vaga idea de lo que queríamos y no de lo que seríamos.

La amistad toma diferentes senderos, hoy lo sé, en ese tiempo sólo estaba allí, se levantaba cada mañana a nuestro lado, nuestras vidas eran de un paralelismo abismante, nuestra amistad nos permitia ser independientes, sin ser solitarios amigos, éramos como hermanos no obligados, respirábamos el humo de las cocinas familiares sin importunarnos, su madre, era mi madre, la mía era la suya.

Los caminos que recorrimos tenían las mismas piedras, aunque no tropezamos en el mismo lugar, cada mañana era un ritual, los desayunos eran acompañados de confesiones y risas, los llamados al unísono de nuestras madres no enrielaban por las avenidas de nuestra juventud.

Las noches de invierno pasaban raudas por entre las manos de los tejidos maternales, competencias de habilidades hilanderas, cuentos de horror, confidencias de nuestros amores frustrados, buscábamos los besos escondidos entre los rosales femeninos de nuestro barrio, todos los sueños partian del 47 o del 30, yo buscaba en ese tiempo la dulzura de la ciudad baja, él, buscaba los besos ardientes y minerales de la reina de La Patagua.

Y así pasó el tiempo, mis trabajos de veranos y los suyos nos fueron estirando la amistad, yo de repente crecí, y me dirigí hacia las rutas de Esmeralda, mi amor era demasiado acaparador, pero aún asi las noche nos reunía bajo el parrón, un cigarrillo a escondidas, la voz baja, para que sólo las piedras fueran testigos de nuestras andanzas.
El tiempo nos dejó a la vera del camino, las calles ya no eran las mismas, sentí una quebrazón en mi alma, comencé a volar con mis propias alas, él, también partió a la aventura, el Norte lo llamaba, eran una familia que el norte y los minerales fueron las piedras que construyeron sus destinos. Su padre (Correíta lo llamaban), pirquinero de corazón, soñador de vetas auríferas, nos enseñó a amar la montaña y también a respetarla. Con él, las aventuras eran interminables, cada día lo veía partir a extraer su mundo de metal.
Sus hermanos le seguían los pasos, el norte con su magnetismo, que años después comprendí, los atraía y todos partieron al norte, dejándome sólo un sur ausente de amistad.


Miles de primaveras mas tarde, un dia , mientras traia la noche pegada a mi espalda, una estrella fugaz recorrio mis cansadas pupilas, -un alma que se va- , es la creencia popular y yo no estaba ajeno a ello, mi pensamiento funesto se alejo despacito , se escondio en el patio de mi refugio y no me abandonaria facilmente, su mision era golpear donde mas duele.

Como un automata abri la caja de pandora, esa que nos entrega el estado del planeta cada dia, dos muertos aqui, mil mas enotro lugar, una bomba humana exploto, oh! el Principe Carlos le da comer a sus caballos y a sus amantes, y entre todas esas alegorias a la muerte escuche su nombre, Jeronimo Correa, muerto en un naufragio, mierda! Negro, amigo, si no sabias nadar, porque mierda te fuistes a enrolar en una cascara de nuez ?, con que derecho me dejastes a la deriva en un oceano de lagrimas?, porque llevastes a los fondos abisales las noches de verano que vivimos bajo el parron.

No asisti a tus funerales y no asistire jamas, te lo prometo, te preguntaras porque?, simplemente porque en la unica foto que guardo de nuestros suenos, no has muerto, tan simple como eso, y no preguntes mas !, ya te lo explicare en nuestra proxima cita, no ahora, y si aun tienes dudas, te ruego dirigirte a Correita, a la abuela Tencha, a mi vieja, ellos estan mas cerca de ti, de acuerdo?, solo una cosa, aun cuando te evadiste por la puerta de atras, sigues presente.

No tengo nada mas que decir, ahora, dejame llorar tranquilo.

Italo Lemus Fara
Fotografo de Prensa y Cronista